Miniserie: “Adolescence”
Titulo original: Adolescencia (Adolescence)

Año: 2025
Duración: 4 capítulos (270 minutos aprox.)
País: Reino Unido Reino Unido
Dirección: Philip Barantini
Guion: Stephen Graham, Jack Thorne
Propuesta:
Desde SIGNIS Argentina y su Programa Cine Mundo Chico, promovemos un análisis crítico, reflexivo y emocional, centrado en la participación de adolescentes y jóvenes, desde la experiencia de observar películas protagonizadas por niños, niñas y adolescentes.
En este caso, dado el impacto reciente de esta miniserie, nuestra propuesta es compartir e intercambiar, opiniones, reflexiones, sensaciones, ideas para trabajar con las familias y los y las adolescentes, en los hogares y en las escuelas, los temas que aparecen en la obra.
Abrimos entonces, como primer paso, este drive para realizar esta obra colaborativa, que contribuya a elaborar estrategias de trabajo territorial.
Gracias!
Coordina: Adrian Baccaro / consultas a: adrianbaccaro@gmail.com
Instrucciones:
Agregar tu texto o comentario abajo del último publicado
“Texto Nro. X / Autor/a. Fecha de publicación. Organización o docente o particular.”
Texto respetando la tipografía.
No intervenir los textos precedentes. Agregar solo tus publicaciones originales, no notas de prensa o publicadas en internet.
Texto 1 / Autor. Adrian Baccaro (21.03.25) (SIGNIS Argentina)
Sobre «Adolescencia»: entonces, ¿la esperanza?
La violencia late en nosotros. En nosotras. En nosotres. Y no le estamos dando el tiempo social necesario para enfrentar el problema. Los problemas.
Tenemos una tendencia a barrer lo importante debajo de la alfombra, a mirar para otro lado, a echarle todas las culpas al emergente, no a la masa acrítica. Lo que somos.
Más de 20 años nos separan del Elephant de Gus Van Sant. Y no hemos aprendido nada. Seguramente estamos infinitamente peor. Los maestros no saben qué hacer. Los padres tampoco. La policía …
Ese no saber qué hacer, no tiene nada que ver con cómo responden los niños, las niñas, los adolescentes a la manera en que los estamos educando, sino con las mismas formas, categorías, metodologías, que estamos usando.
Hemos cedido la educación a la técnica, nos hemos dejado someter por las «nuevas tecnologías», no nos hemos hecho cargo, nos pasaron por arriba. Estamos derrotados de antemano, nos abate la sensación de que ya es demasiado tarde, sentimos estar discapacitados para afrontar semejante tarea; irresponsables.
La naturalización del odio está entre nosotros. Las nuevas formas de la política no hacen más que confirmarlo. Cómo si la teoría de la supervivencia de los más aptos se hubiera rediseñado para el mundo virtual, inmersivo, convertidos ahora en personajes banales de ciber juegos de exterminación.
El mundo real, físico, de las relaciones cara a cara, en la escuela, en los hogares, en las calles, nos aparecen como nuevos escenarios digitales. Crecientemente perdemos el límite entre uno y otro. Y en lo virtual, no hay límites, todo está permitido, la libertad es absoluta. Ahora escondemos lo real en lo virtual.
Aunque nos parezca irracional, perverso, incomprensible, somos nosotros mismos los que colaboramos con ese régimen, contexto, supra realidad o como se le quiera llamar. Tanto que tampoco es verdad que nos sorprenden las consecuencias del mundo que hemos creado. Somos simulacro de incertidumbre, asombro, incertezas. En el fondo nada nos sorprende y encontramos salidas para no responsabilizarnos. Al final somos unas más. Criaturas que solo intentan sobrevivir.
Entonces Netflix y 4 horas maestras que nos ponen frente al espejo. Entonces ¿la esperanza?
Texto 2 / Autora: Lidia Greco (23.03.25) (SIGNIS Argentina)
¿Adolescencia? ¿La incertidumbre?
Cómo pocas veces en la historia de la humanidad, estamos conviviendo generaciones del paleolítico con otras hiperdigitales. Fue algo que ocurrió tan vertiginosamente que no nos dio tiempo a muchos a seguir el tren. Algunos por decidía nos aferramos a lo conocido y nos cristalizados en modelos que son, en alguna medida, escenografías estáticas; otros sin vocación ni capacidad o voluntad real, tratamos de subirnos al barco que terminó siendo una canoa al lado de los jets en que volaban muchos jóvenes. Muy pocos pudieron tomar el ritmo y se convirtieron en súper stars de los cambios. Pero fueron los menos…
Familias, docentes, hombres y mujeres del común quedamos atascados en un mundo que pareció imponer a lo audiovisual, despreciando, ignorando y desconociendo otras formas de comunicación humana. Y ahí creo que nos encapsulamos…algunas veces por comodidad, sin comprometernos en, por lo menos, tratar de entender el cambio, manejándonos con herramientas autoritarias del pasado, para detener el tsunami que se venía. Otros nos sentimos incapaces de entablar el fuego, con generaciones más jóvenes que manejaban herramientas con las que no podíamos compartir y allí creo que se produjo el abandono del ámbito de encuentro. Dejamos hacer sin intervenir, dialogar o confrontar, se abrió una brecha entre ellos y muchos de nosotros, un descuido del encuentro que quizás fue leve inicialmente, pero cada vez nos alejó más. Hasta convertirnos en desconocidos aunque conviviéramos en la casa, el colegio, las amistades, el barrio, y muchos lugares de “estar juntos” pero no convivir.
Llegamos a ignorar que pasaba con el ser que crecía cerca nuestro, pero tan alejados que casi nada sabíamos de él. Y cada vez más lejos, más solos, más vacíos de nutrientes esenciales para la vida. El amor, la dedicación y el tiempo regalado que todos necesitamos para crecer saludablemente.
Al no poder acercarnos al nuevo mundo que estas generaciones dominaban, dejamos de nutrirlos por el canal afectivo de eso que no es audiovisual, del tiempo, la escucha, el abrazo, y hasta las discusiones, aunque nos pareciera casi imposible superar esas distancias, al menos plantearlas.
Y ahora la culpa. Creemos haber cumplido con nuestras obligaciones, incubadas en otros tiempos en otro estereotipo cultural en el que nos educamos, que en realidad ya son obsoletos para los desafíos de hoy.
Y no hay recetas, no hay métodos infalibles. Solo la intuición y el oído abierto a la escucha de todos. Cuando decimos todos, incluyo a los que nos quedamos en el paleolítico y la niños y jóvenes que ya están en el futuro pueden abrir un sendero de encuentro. Reconocernos diferentes, pero no por eso aislados. Únicos e irrepetibles, pero con ciertos rasgos emotivos y sensibles que permiten acercarnos. Con alegrías y dolores que podemos compartir, y sobre todo con una gran voluntad de que pondremos absolutamente todo para reencontrarnos.
Coord: Hermoso texto Lidia. Fuertes sensaciones de experiencias cercanas vividas en las últimas décadas con tantos adolescentes.
Texto 3/ Autora: Aulet, María Victoria (24/03/2025), SIGNIS Argentina.
Miedo a la soliedad (soledad-sociedad)
Es realmente interesante una película basada en el punto de vista del victimario y su familia, la víctima sólo es enunciada. Cuando ocurren hechos delictivos perpetrados por niños, niñas o adolescentes de nuestro continente, se produce un ensañamiento social ¿qué pasa cuando el autor de un crimen pertenece a otro grupo? Entiendo que el film interpela desde ese lugar, que la semilla violenta no está sólo en hogares con necesidades básicas insatisfechas.
Los medios refuerzan tremendamente esta supuesta “movilidad”, cada vez que un ciudadano/a de una clase social “anhelada” comete un crimen, se realiza un despliegue espectacular porque la pregunta es ¿cómo un propietario de una casa en un country puede llegar a esto?
Sí, todos podemos llegar a todo, nadie está exento. La gran pregunta frente a la desgracia es ¿por qué a mí? la respuesta es ¿por qué no? Esta supuesta impunidad, como si hubiera cosas que a nosotros no. Pienso que este posicionamiento es la victoria del individualismo, el no entender que conformamos una trama social y que si a los demás no les va bien, es difícil que a nosotros sí. A menos que logremos una muralla de aislamiento que genera cada vez grietas más profundas.
Como consecuencia de esas barreras construidas, algunos viven una fantasía y cada vez son más los jóvenes que creen “pertenecer” por la gran seducción propagandística de un mundo ideal y superficial. Y esta “pertenencia” se limita al acceso a la sociedad de consumo y cuando no se puede consumir, se es consumido. Combatir esta dictadura binaria, asimétrica, desigual, es tarea de la sociedad, quizá a través del sistema educativo.
Las vacunas (también interpeladas desde la ignorancia masificada) frente a esta soledad anunciada por el posmodernismo son “los otros”. El amor que sólo un ser humano es capaz de transmitir (no una mascota, por favor), la escucha, la posibilidad de alojar con el corazón, la comunidad desde las almas y no sólo las de un grupo de Facebook. Cuánta confusión….
PERTENECER, parece que al género humano no alcanza porque hay grupos que hacen pagar cualquier costo para incluir. “Ser excluidos”, este es el gran temor adolescente. La familia, que no siempre coincide con el grupo originario, es el gran oasis frente a la selva que enfrentan estas niñas y niños, la selva de no encajar, no pertenecer y con tal de no vivir esa frustración, renuncian a su propia singularidad. Necesitan ADULTOS que los acepten, los amen tal cual son. Atento ahí el grupo o persona que trajo al mundo a estos niños y niñas, responsabilidad frente a la soledad ajena. ¡Por favor!
He dicho.
Cambié mis ideales por los del bienestar
Coordinador: Gracias Victoria!!! Sentido texto!!!
Texto 4 / Autor: Vania Sevilla (24/03/2025) Radio Lío México.
La violencia normalizada y justificada por “estar en la edad difícil”.
Podemos observar un patrón repetitivo y silencioso que se hereda de generación en generación, donde los niños observan la violencia ejercida por los padres y cuando crecen la aplican también a sus hijos, y aunque se quiera romper ese ciclo de alguna forma sale a la luz la naturaleza de el “animal no evolucionado”.
Al hablar de trastornos mentales no quiero hacer alusión a que Jamie es un fenómeno de la naturaleza, mucho menos quiero hacer una insinuación de cuáles podrían ser sus trastornos. Más bien, hago referencia a la pésima calidad de servicios de salud “gratuitos” que, como lo muestran en la serie, muchas veces solo dicen lo que el paciente quiere escuchar y lo haga sentir mejor, para después sentirse ofendidos y poco valorados cuando otro especialista les diga lo contrario a esas “afirmaciones” que mantienen un autoestima de papel. La salud mental debe ser una de las tareas principales dentro de una familia, pues un trastorno no se crea de la nada, siempre viene de un evento traumático generado por los padres o alguien del entorno cercano, por ende la personalidad viene de una normalización en un entorno que podemos deducir es frustrado y busca fugas para poder liberar presión (como menciona Jamie, su padre se enoja consigo mismo y aunque no dañaría a su madre, suele descargar la molestia con objetos).
Tenemos el deseo intenso de la juventud por encajar en la sociedad, su deseo de ser vistos, de ser “alguien” para alguien. Lo vemos varias veces en los compañeros de Jamie y en él mismo contestando preguntas para poder encajar en el papel de niño víctima que no entiende que es lo que pasa consigo mismo. Las redes sociales, la accesibilidad que tienen y la indiferencia que vemos en los padres hace que las nuevas generaciones inventen un lenguaje al cual los adultos no tienen acceso y de esa forma la crítica se reduce a un círculo más pequeño.
Por el mismo desinterés de uno o ambos padres los chicos crecen con dudas sobre sexualidad, mismas que si estuvieran presentes serían naturales. Al no tener una guía los chicos no saben que hay planes de contingencia en la difusión de fotos sin consentimiento o su relación sentimental con otra persona, por ende, al estar frente a esta situaciones actúan con instinto y no con racionalidad. Son impulso y no cerebro.
Podemos concluir que entramos en la cabeza de una persona que aparenta una familia normal pero en realidad tiene varias carencias psico-socio-afectivas, que normalizan las acciones de alguien que solo “quiere ser apreciado”. No podemos tratar a culpables como si fueran fenómenos o casos aislados, es una cruda realidad que no se resuelve solo con la pregunta ¿Qué hicimos mal? son seres comunes, que vienen de hogares comunes, que tienen historias violentas y que buscan el detonante perfecto para justificar generaciones de maltrato silencioso y normalizado.
Texto 5 / Autor: Marcelo Alejandro Mosqueira (25/03/2025) Instituto Superior de Formación Docente y técnica N° 83 de San Francisco Solano, Quilmes Prov. de Bs. As., Argentina.
La violencia y las intervenciones docentes
La serie adolescencia me parece una obra artística que, desde la ficción, nos permite reconocer lugares comunes de nuestra escuela. A pesar de estar situada en Inglaterra donde hay una historia, una situación socioeconómica muy diferente a nuestras tierras, me resulta interesante situar el análisis sobre lo común que podemos identificar sobre las intervenciones docentes hacia y con las adolescencias. Considero que el director, como dicen los textos más arriba, pone la mirada sobre el victimario/victima. Me parece que la construcción de los personajes que se hace en la serie podemos ponerles nombre y cara de sujetos que habitan nuestras escuelas. Las actitudes de los adolescentes es muy posible que sean respuestas de estudiantes en muchas de nuestras instituciones. Por otro lado, la intervención de la escuela ante las situaciones que tienen lugar en el cotidiano pareciera no dar lugar a la palabra. Se actúa del desconocimiento de quiénes son, qué les pasa y cómo construyen sus vínculos los adolescentes. Las escenas de la policía en la escuela y ver las constantes actuaciones de los adultos, retando intentando poner un arden desde el grito el maltrato dan cuenta que el único resultado que construyen son la ficción del acto escolar.
En nuestras escuelas hay una profunda preocupación por la construcción de una escuela más democrática y que dé lugar a la participación de las y los adolescentes. A pesar de tener un plexo normativo que busca construir prácticas de autoridad pedagógica democráticas y de diálogo, existen resistencias, no pocos docentes, que añoran un tiempo de autoritarismo, de orden impuesto y de un adolescente que obedezca. Creo que en la serie hay una interpelación hacia la construcción social que favorecen las prácticas adultas que descreen del diálogo y que ven como el origen del problema la construcción de prácticas pedagógicas que intentan habilitar la palabra a las y los jóvenes, escuchar y poder dialogar sobre las representaciones del mundo, lo miedos, las necesidades y los saberes que portan.
Abre un debate importante para pensar la escuela como el lugar de lo común, la transmisión de un pasado y la habilitación a la construcción de un futuro común. Siento que muchas prácticas docentes solo asumen su rol de Transmisión de una cultura como algo dado y no conciben la cultura como una realización en constante transformación y cambio.
Podemos observar un patrón repetitivo y silencioso que se hereda de generación en generación.
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