
Se la pasaba pidiendo “carcel o bala” para los delincuentes y las mafias, a cuanto micrófono se cruzara, haciéndose el guapo y ninguneando a periodistas y mujeres, sus blancos discursivos predilectos.
Se asustó cuando un grupo de chicas militantes tiró caca en el frente de su casa, en medio de una protesta que intentaba señalar lo que ahora ya todos sabemos: Que esa misma casa, (la impactada por el excremento en su superficie inmaculada) había sido comprada con fondos sucios del narcotráfico, al igual que un vehículo de alta gama, fruto de su vínculo siempre negado con Fred Machado.
En uno de sus últimos actos de campaña, antes de tener que guardarse (porque su figura es casi lo mismo de eso que arrojaron sobre el frente de su casa) tuvo que escapar en la parte trasera de una moto (sin casco) cuando un grupo de vecinos de Moreno, lo interpeló por sus oscuras relaciones con las mafias, esas que él mismo, se vanagloriaba de combatir.
Otro día, lloró en vivo ante las cámaras de televisión, en un acto cinematográfico digno de un Oscar, para luego retirarse de a poco, cuando las evidencias en su contra arreciaban, y el olor a podrido apareciera sobre todo lo que estuviera cerca suyo. Allí se vio obligado a renunciar a su candidatura a diputado, por el partido del que lidera una banda de rock fallida, si, ese tipo de campera negra que cantó hace poco en el Movistar Arena.
Pero el destino le juega una paradoja. Ese pelado desagradable y violento, que soñaba con “cárcel o bala” ahora es “boleta”, porque su cara se verá en la Boleta única de papel de las próximas elecciones nacionales, como un triste fantasma de todo lo que no hay que ser, esperando el único final que se merece: la cárcel.
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