Los Redondos no se juntan, pero se ponen de acuerdo para ser reeditados en vinilo: a Gulp! y Oktubre ahora se les suma Un baión para el ojo idiota

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Si bien la mitología ricotera suele consagrar al disco *Oktubre* (1986), que cumple casi cuatro décadas a fin de año, como la obra cumbre creativa y simbólica de su carrera, no debe subestimarse el mérito de su sucesor, *Un baión para el ojo idiota* (abril de 1988). Este álbum fue clave para acelerar su despegue del under y originar la fuerza que los llevaría a presentarse en Obras Sanitarias un año más tarde.

Los Redondos no se juntan, pero se ponen de acuerdo para ser reeditados en vinilo: a Gulp! y Oktubre ahora se les suma Un baión para el ojo idiota
Los Redondos no se juntan, pero se ponen de acuerdo para ser reeditados en vinilo: a Gulp! y Oktubre ahora se les suma Un baión para el ojo idiota

Con un sonido confiado, acelerado y afilado, el disco refleja a una banda que terminaba de afianzarse tras realizar shows semanales en el Teatro Bambalinas, Cemento, el Estadio Atenas de La Plata y otros espacios de mediana envergadura. Nunca antes habían tenido tanta actividad; Skay Beilinson había asumido en solitario el rol de guitarrista después de compartirlo con Tito Fargo durante algunos meses, y el Indio Solari se consolidaba cada vez más como frontman.

En ese contexto, la escena se encontraba atravesada por el luto por la muerte de Luca Prodan en diciembre de 1987. El líder de Sumo tenía un vínculo estrecho con Los Redondos: había participado en algunos shows como invitado y colaboró en la grabación de *Mejor no hablar de ciertas cosas* —canción del Indio Solari— para el álbum debut de Divididos por la felicidad (1985), la banda liderada por Prodan.

En una entrevista con la periodista Gloria Guerrero para la revista *Humor* en ese mismo año, Solari expresaba su dolor sin reparos: “Apuesto a un lugar donde la socialización sea posible, porque a mí la simple recreación de modas, por más que me provoque una diversidad que agradezco, no me provoca nada más. Ojalá me estuviera pasando escuchar buenos grupos argentinos y me cago en el hijo de puta de Luca que se murió”.

En diversas entrevistas, el Indio definió el poderío musical de entonces como “un sonido bien trapero”. Aunque se trata de un españolismo alejado del estilo que hoy sostienen artistas como Duki, Trueno y Cazzu, el término aludía a una crudeza e intensidad que se repetirían en el siguiente álbum, *Bang Bang estás liquidado* (1989).

*Un baión para el ojo idiota* suena incluso hoy como una ráfaga rockera implacable. Ofrece un ramillete de clásicos inspirados, mordaces y vigilantes que continúan detectando las zonas francas del oyente para reactivar su autoestima o propinar un cachetazo a tiempo.

“Vencedores vencidos” podría considerarse el tema emblemático de los obreros psíquicos de Patricio Rey, es decir, Los Redonditos de Ricota, tanto por su letra como por su energía eléctrica. Al igual que “Todo un palo”, el funky neostone que cierra el álbum.

Entre medio, se despliegan la furia lúcida de “Todo preso es político”, el meta-rock de “Vamos las bandas”, la ironía mediática de “Noticias de ayer”, la imaginería de cómic en “Masacre en el Puticlub”, la broma psicobolche de “Aquella solitaria vaca cubana” y el éxtasis descontrolado en “Ella debe estar tan linda”.

Años después, en una entrevista con *Clarín*, Rocambole, creador del universo visual de Los Redondos, ofreció una explicación de la portada del disco: “Son referencias al título: estaba el televisor, pero no se me ocurría una imagen de la idiotez. Hasta que un día encontré una instalación hecha por mi hija: un muñeco con collares, antifaz y chupete. Después le agregué el perro, que es una constante en la literatura solariana. El grupo se hizo más popular y mis obras comenzaron a reproducirse: prefiero que estén en la calle que en un museo. A mí siempre me interesó más el arte de las historietas que el de las muestras a las que va un montón de gente a tomar vino y charlar”.

Después de las exitosas reediciones en vinilo del debut *Gulp!* (1985) y de *Oktubre* (1986) a principios de 2025, una nueva tirada de 4 mil copias del tercer álbum comenzará a venderse a partir del jueves 16 de abril en la cadena de disquerías LEF, con sucursales en Villa Urquiza, Villa del Parque, Adrogué y Tortuguitas.

Esta obra, que no se reedita en vinilo desde su lanzamiento original, forma parte de un cuidadoso trabajo de recuperación gráfica y sonora, realizado con el consenso de las dos partes del triunvirato original: el Indio Solari por un lado, y Skay Beilinson y la Negra Poli por el otro.

Según se informó, la coordinación está a cargo de Virginia, pareja de Solari desde los años ochenta, y Poli, compañera de Skay desde 1970 y histórica manager de Los Redondos. Así, aunque por motivos de tiempo, voluntad, espacio y salud siga intacto el anhelo de los seguidores de que “se vuelvan a juntar”, al menos pueden ilusionarse con la reedición de sus discos.

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