
“No podemos pedir más”. Así definió Jorge Ingaramo, economista y asesor de Asagir, la situación actual del girasol en Argentina durante el VIII Congreso Argentino de Girasol que se desarrolla en Mar del Plata.

En un contexto internacional marcado por la escasez de oferta, el girasol argentino atraviesa uno de los momentos más favorables de su historia reciente. “El precio está muy bien porque prácticamente hemos quedado como los únicos abastecedores en el mundo de aceite crudo de girasol en estos momentos”, afirmó. Esta situación se debe a la salida del mercado de los principales competidores, Rusia y Ucrania, que ya comercializaron la totalidad de su producción. Además, ambos países registraron una merma conjunta de alrededor de 1,7 millones de toneladas respecto al ciclo anterior.
Este escenario de menor oferta global impulsa una fuerte demanda tanto para la exportación de grano como para la industria de molienda, lo que impacta directamente en el precio que recibe el productor. “Eso va derecho al precio”, resumió Ingaramo.
La relevancia del complejo girasolero también se refleja en su peso dentro del comercio exterior argentino. En 2023, el sector se ubicó como el octavo complejo exportador del país, con ventas por 2.200 millones de dólares, un récord histórico. Para este año, las proyecciones indican que ese posicionamiento podría repetirse o incluso mejorar.
A nivel comercial, India se consolida como el principal destino, absorbiendo cerca de la mitad de las exportaciones. Lo siguen países del Medio Oriente, mientras que el aceite refinado se dirige mayormente a países miembros de la Alianza Latinoamericana de Integración (Aladi). En tanto, el girasol alto oleico se destina a sus mercados en Europa y Estados Unidos.
Otro dato clave es la baja relación stock-consumo a nivel global, que se ubica en apenas 5,9%, aproximadamente la mitad de los niveles habituales. “No hay girasol en el mundo, el único girasol que hay es el argentino”, remarcó el economista, quien subrayó la ventana de oportunidad que se abre hasta octubre, cuando ingrese la nueva cosecha del hemisferio norte.
En el plano local, la dinámica comercial también muestra signos de fortaleza. El productor cuenta con distintas alternativas de colocación según su ubicación geográfica, lo que genera una competencia activa entre compradores. “El negocio es tan bueno que hay competencia en la demanda de manera notable”, indicó Ingaramo, y destacó que las ventas de los productores a la industria crecieron un 55% interanual.
Finalmente, el economista puso el foco en las inversiones dentro de la cadena, un aspecto que suele quedar opacado frente a otros sectores. “Hoy, cuando se habla de inversión en Argentina, se piensa en Vaca Muerta. Pero en el girasol hay inversiones, reconversiones de plantas, récord de molienda, de exportaciones, de ingreso de dólares y de siembra. No podemos pedir más”, concluyó.
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